Cómo empezar un Proyecto de Arquitectura

 

¿Cómo empezar un nuevo proyecto? ¿Dónde  hago la primera línea en ese papel blanco? Siempre es difícil empezar algo nuevo. ¿Dónde pongo la entrada? ¿Es mejor la sala de reuniones arriba o abajo? 1000 preguntas vienen a la cabeza y es necesario poner algo de orden para poder llegar a una solución.

El arquitecto Frank Gehry, autor entre otros del museo Guggenheim de Bilbao, nos decía estas palabras en su documental “Sketches” hace unos años:

Personalmente creo que el proyecto debe nacer del análisis, del estudio de las necesidades de la gente, de la historia del lugar donde será construido, de las inquietudes sociales y sus demandas para poder ofrecer una solución que llene el vacío que hay en todos los sentidos.

¿Por dónde empezar?

Es extremadamente fácil concebir grandes edificios cuando no nos imponen limitaciones, lo realmente difícil es hacer esto mismo cuando los límites están tan cerca que nos impiden ver nada más. El escenario ideal para un proyecto es una parcela de gran tamaño, con buena orientación para luz y ventilación, mejores vistas y, por supuesto, sin límite de presupuesto. A continuación empezamos a trazar lineas, bocetos, ideas sobre un papel intentando crear nuevas tendencias en arquitectura. Esta utópica escena, habitual en las escuelas de arquitectura, desaparece por completo al enfrentarnos al mundo real.

Las limitaciones son vistas como algo negativo, nos impiden dejarnos llevar pero deben ser vistas como una ayuda, nos enseñan el camino que no debemos seguir para que sea más fácil encontrar el correcto.

Todos los proyectos nacen con limitaciones: de espacio, de presupuesto, de normativa, de necesidades concretas, de circunstancias personales, sociales, etc. La tarea del buen arquitecto consiste en dar solución a las necesidades del proyecto teniendo en cuenta todas estas limitaciones. Entiendo que el principal objetivo de nuestro trabajo consiste en crear una arquitectura real, aquella que se ajuste lo mejor posible al presupuesto y que al mismo tiempo cubra las necesidades que hemos analizado.

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Históricamente se le atribuye a Galileo la frase “dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. En arquitectura ese punto de apoyo, es el tiempo. Podemos saltar toda clase de obstáculos, podemos hacer proyectos con poco presupuesto, en lugares inverosímiles, sin apenas espacio, pero no es posible hacer un buen proyecto sin tiempo. El tiempo es el ingrediente que permite abordar sistemáticamente un problema hasta encontrar el modo de superarlo.

Consejos.

Por lo tanto, empieza por tener una parcela ajustada a las necesidades de tu programa. De nada vale tener una parcela de 5.000 metros cuadrados si únicamente quieres hacer una vivienda unifamiliar. Ajusta la escala de tu edificio al entorno, analiza las alturas de las edificaciones que rodean tu parcela y decide si debes alcanzarlas, superarlas o dejar el ego a un lado y hacer un edificio modesto que no destaque por su tamaño sino por tu calidad. Recuerda: Los mejores perfumes se venden en los frascos más pequeños.

Una vez tengas claro el lugar mi consejo es continuar por un sistema estructural claro, una modulación que regule el edificio del mismo modo que un panal de abejas y más adelante se ajustará y se hará flexible para poder introducir en este sistema el programa que hayas necesitado, pero siempre tomando como base la malla estructural.

A partir de ese punto se trata de ir jugando con el programa a modo de piezas de un puzzle, ajustándolas, viendo cuáles deben estar en contacto entre si y cuáles deben estar separadas por ser usos incompatibles. Ayúdate con diagramas arquitectónicos, un pequeño esquema en el que dibujes las necesidades a modo de circulos con su tamaño aproximado y uniendo con lineas aquellos que deban estar juntos en el edificio final, esto ayuda a hacer una idea mental del conjunto.

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Como consejo final, aunque no debería ser necesario decirlo, he de insistir en que se debe empezar el proyecto a lápiz. Un ordenador nunca podrá superar la delicadeza del trazo de un lápiz sobre un papel a la hora de crear espacios. Aquellos que empiezan a proyectar directamente con software CAD obtienen edificios sin alma, cuadriculados y vacios. La mano del diseñador es mucho más flexible que un programa informático para hacer líneas.

¿Alguna opinión?